Nietzsche fue filólogo, especialista en el estudio de textos antiguos y un admirador acérrimo de los clásicos griegos. Su obra es difícil, tanto por su profundidad y radicalidad, como por su forma. Su estilo es muy peculiar: escribe siempre pequeños pasajes donde aborda un tema, y por lo regular, la exposición analítica de la cuestión se realiza mediante recursos literarios y poéticos. Esta elección de estilo no es arbitraria, responde a la creencia de que la realidad misma nos obliga siempre a un ejercicio de interpretación que corresponde más a la polisémica metáfora que a la claridad del concepto. Fue un crítico implacable de los valores del cristianismo y de la metafísica occidental.
Hace algún tiempo había un graffiti por el barrio de Flores [1]Barrio de la ciudad de Buenos Aires. que rezaba: “Dios ha muerto” firmado “Nietzsche” y en el siguiente reglón continuaba: “Nietzsche ha muerto” firmado “Dios”. Pero ¿qué significa para el pensador alemán su conocida frase “Dios ha muerto”?
Trascribo el pasaje del anuncio:
Al llegar aquí, el loco se calló y observó de nuevo a sus oyentes, quienes también se habían callado y lo miraban perplejos. Por último, tiró la linterna al suelo, que se rompió y se apagó. «Llego demasiado pronto, dijo luego, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de los hombres. Para ser vistos y oídos, los actos necesitan tiempo después de su realización, como lo necesitan el relámpago y el trueno, y la luz de los astros. Esa acción es para ellos más lejana que los astros más distantes, ¡aunque son ellos quienes la han realizado!»
Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su “Requiemaeternam Deo”. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos, no dejaba de repetir: «¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?” (La gaya ciencia, Aforismo 125 [2]Nietzsche Friedrich (2011); La gaya ciencia; Ediciones Libertador; Buenos Aires.).
“¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! Pero, ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar”
El loco propuesto por Nietzsche nos grita en la cara que “Dios ha muerto”. Pero ¿y las iglesias de todo tipo?¿y los creyentes?¿y el Papa Francisco? Dios ha muerto porque ya no es el centro de nuestra vida social y la fe en él ha dejado de ser nuestro criterio de verdad. Podríamos sostener que Dios murió en la sociedad actual porque ya no se supone que debamos creer en su existencia y autoridad sino que tenemos el derecho consagrado de no hacerlo. La libertad humana hoy es más poderosa, pero el precio que pagamos para Nietzsche, es muy alto, tal vez demasiado: junto con Dios murió toda verdad eterna de la que se supone no deberíamos dudar. Según el loco, es de esto de lo que no estamos conscientes todavía, y la burla de los no-creyentes, solo es motivada por no haber entendido la profundidad del vacío que Dios dejó al ser desplazado del centro de la vida humana en la modernidad. La advertencia es contra la posibilidad del nihilismo, el descreimiento en todo, la exaltación de la nada, de una vida que nada vale porque se vive para nada, sin estar dispuesto a morir por nada. Ante esto, el superhombre.
Su pensamiento
Los causes por los que la obra de Nietzsche llega a nuestra actualidad son múltiples. Asoció la moral al discurso del poder y planteó el método genealógico: una forma de rastrear el origen histórico de fenómenos culturales naturalizados en la vida cotidiana. Muchas veces estos fenómenos se originan en situaciones azarosas o en actitudes psicológicas atadas a ciertos contextos que luego se pierden, pero cuyos resultados logran permanecer. Su énfasis en el poder y su método influyó por ejemplo a Michel Foucault[3]Por ejemplo: Foucault, Michel (2013); Nietzsche, la genealogía, la historia; Editorial: Pretextos; Valencia, España. y junto con él, a todo el postestructuralismo francés.
Desde el punto de vista político Nietzsche parece haber defendido algún tipo de anarquismos individualista o aristocracia de la voluntad [4]Sobre la aristocracia y la creación de nuevos valores puede verse: Nietzsche Friedrich (1998); Más allá del Bien y del Mal; Buro Editor, Argentina; Novena Parte. . Su preocupación más que social se concentraba en el desarrollo personal. Su ideal es el de un hombre capaz de crear sus propios valores morales (el superhombre) que como el artista frente a su obra, no necesita de justificación alguna para seguirlos. Defendía el derecho de los fuertes contra los débiles [5]En especial en: Nietzsche Friedrich (2007); La Genealogía de la Moral; Gradifco; Buenos Aires., consideraba que la compasión es subestimar a los demás y que la crueldad es un placer constitutivo del hombre mismo[6]Por ejemplo en: Nietzsche, Friedrich (2004); Así hablo Zaratustra; Alianza; Madrid; pag 305.. Curiosamente en su forma de concebir la historia, los más fuertes fueron vencidos por los más débiles, tal vez porque como decía de la clase obrera, su única virtud es que son muchos[7]En Nietzsche, Friedrich (2013); Crepúsculo de los ídolos; Alianza; Madrid; Incursiones de un Intempestivo – parágrafo 40.. El triunfo de los débiles habría producido la moral cristiana como un ejercicio de resentimiento.
Es obvio que hoy no buscamos al superhombre y los valores judeocristianos siguen siendo nuestra regla de medida. Sería conveniente pensar entonces ¿Porqué sus libros se ofrecen en todos los escaparates? ¿Qué nos siguen diciendo que no podemos evitar escuchar?
Nuestro presente se encuentra signado por la caída del muro de Berlín. Con el muro cayó un mundo. Se rompió una brújula que de alguna manera no fue reemplazada todavía. Jean-François Lyotard escribe en 1979, «La condición postmoderna: Informe sobre el saber» [8]Lyotard Jean-François (1987); La condición postmoderna: Informe sobre el saber; Ediciones Cátedra S.A.. En dicho libro planteó lo que se conoce generalmente como la caída de los grandes relatos. El mundo ya no se dividía entre obreros socialistas y burgueses capitalistas, no estaba dividido a ambos lados de la cortina entre Occidente y Oriente, entre la URSS y EEUU. El cristianismo había caído pero el socialismo también y ya ninguna explicación sobre el funcionamiento del mundo lograría convencernos. El capitalismo mismo ya no necesita de un relato[9]Podemos considerar que la Guerra Fría no tanto fue ganada por el capitalismo como perdida por el socialismo que no pudo mantenerse en pie. El capitalismo hoy, no parece ser aceptado masivamente por … Continue reading, porque ya no tiene contra quién discutir, no tiene a quien contárselo. No hay una diferencia cualitativa, solo cuantitativa, se discute únicamente que tan salvaje debería ser el capital [10]Esto no significa que no haya habido otros ejes políticos con posterioridad a la caída del muro: la lucha contra el fundamentalismo islámico, contra la inmigración, a favor o en contra del Estado … Continue reading. Lo que nos queda, para los pensadores del posmodernismo, es aferrarnos al pequeño relato, a la explicación siempre parcial y provisoria, a la incertidumbre.
En la década del ’70 se terminó la última oleada revolucionaria a nivel mundial. Su característica fue su heterogeneidad; el orden social fue impugnado por las guerrillas en Latinoamérica, el movimiento de derechos civiles y el hipismo en Norteamérica, los llamados nuevos movimientos sociales en Europa [11]Ver por ejemplo https://lalineadesombra.com.ar/la-larga-marcha-de-la-izquierda-argentina/ . El proletariado tradicional había dejado de ser la referencia para muchos intelectuales de izquierda. Las condiciones materiales de vida ya no marcaban el criterio de verdad. Lo que resta es el análisis del discurso (Foucault y Derrida) y también la exaltación del fragmento ante el estallido de la totalidad. Esta mirada se extiende hasta nuestros días: Ernesto Laclau propuso el uso de “significantes vacíos” [12]Se trata de palabras o expresiones que no tienen un referente claro (como es el caso paradigmático del término “pueblo”) que sirven para crear en el orden simbólico una totalidad que no … Continue readingque puedan servir para unificar las múltiples aspiraciones de diversos sectores que ya no gravitan naturalmente en torno a un mismo ideal.
Lo que se había fragmentado era en verdad la propia clase obrera. El proletariado industrial dejó de ser la mayoría entre los trabajadores de los países más poderosos de Occidente. Con el desplazamiento del crecimiento industrial a los Tigres Asiáticos y los últimos cambios tecnológicos, asistimos en este lado del mundo a la estratificación creciente de la clase obrera, a su progresiva diferenciación interna [13]Ver por ejemplo https://lalineadesombra.com.ar/la-rebelion-mundial-de-la-poblacion-sobrante-proletarizacion-globalizacion-y-lucha-de-clases-en-el-siglo-xxi/ . Es obrero: un empleado bancario, el medico que trabaja a destajo en una clínica, el camionero sindicalizado, el electricista del barrio y el desempleado que vive (o sobrevive) de los planes sociales. Difícil nos resulta imaginar una mirada común que los hermane, un mismo Dios al que puedan rezar.
El posmodernismo tiene razón en aquello que comparte con Nietzsche. Su diagnóstico es correcto. Nuestro presente se parece bastante a un vacío de sentido. A nivel social sufrimos de la falta de explicaciones generales que nos orienten, basta con pensar en el parloteo de los políticos en campaña y la sorprendente habilidad de emitir palabras sin decir nada[14]A esta característica general de nuestro tiempo hay que sumar la cualidad autóctona de la Argentina, de una clase dominante dividida y sin un proyecto sostenible a mediano plazo.. El nihilismo por televisión y en vivo.
En todo caso no tenemos motivos para pensar que los grandes relatos no puedan volver a contarse de otra forma, con otras palabras, con nuevos protagonistas, pero también haciendo referencia a otras realidades materiales. El diagnóstico no tiene porqué ser definitivo (a veces los muertos renacen o resucitan).
La figura del loco en este aforismo es la de un sabio que por su visión más elevada se encuentra más allá de la limitada cordura de la gente común. Resulta una ironía obvia como para decirla, pero para el que no lo sepa, Nietzsche mismo se volvió loco y vivió bajo esta condición durante once años, antes de morir un día como hoy, en el año 1900.
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